domingo, 16 de mayo de 2010

Una historia oculta de 500 años

Es evidente que el año de 1492 significó un cambio dramático de vida para muchos de nuestros antepasados.

Decidir entre demostrarle a una prevenida sociedad española una real conversión al catolicismo o vivir el estilo de vida judaico que implicaría salir del país o morir como martires de una cultura acostumbrada al rechazo social no era una tarea fácil.

Salir la madrugada del 3 de agosto, 3 o 4 horas despues del vencimiento de terminos del edicto de la Alhambra, implicó para nuestros padres el vivenciar en carne propia los relatos de Noé cuando por fe subía una barca para salvar su vida, o quizá los relatos de Moises al cruzar el Mar Rojo con un ejercito de hombres armados y hostiles a sus espaldas.

Es un misterio hoy lo que ocurrió en Islas Canarias, un posible lugar de desembarco de judíos, un lugar de provisión para todos los viajes de Colón hacia las Indias... pero hay una espera de 6 años para nuestros tatarabuelos, antes de pisar la costa venezolana, en 1498.

Queda sin resolver si éstos esperaron un nuevo aprovisionamento de Colón en Canarias en el tercero de sus viajes o si continuaron en aquella gigantesca nave que luego "encalló" en Haití. Las tres Carabelas debían regresar, pero entendemos que muchos no querían hacerlo, mas aún cuando ante sus ojos estaba una gran tierra inhóspita que ofrecía esperanza y sobre todo vida. Solo regresaron 2 con mucho menos tripulantes de los que partieron.

Pasar de un lado a otro buscando seguridad tuvo que ser como cruzar el desierto después de la salida de Egipto hacia la tierra prometida; isla tras isla (las islas eran completamente inseguras), territorio tras territorio hasta encontrarse con la desembocadura del rio Orinoco en tierras de la Venezuela de hoy.

Imagino que en esa selva nuestros ancestros respiraron el aire de una libertad insospechada, pero que a su vez implicaba atravesar peligros extremos tras las enfermedades que producía un entorno al cual no estaban acostumbrados.

Recuerdo que mi abuelo (un hombre alto, blanco, de ojos inusualmente azules) guardaba dentro de sus tesoros una botella con un menjurge de plantas medicinales que aplicaba a toda clase de dolencias. Deduzco que nuestros ancestros convivieron con los indígenas de la selva, quienes a su vez los guiaban a tierras menos extremas y mas seguras para la vida de sus ancianos, mujeres y niños.

Muchos de los García tenemos razgos indígenas, los cuales provinieron de los cruces con poblaciones que probablemente salvaron a tantos de nuestros antepasados de morir en medio de los rigores de la selva. Cruces que nuestros viejos defendían aunque los volvieran menos dignos según las tradiciones que los antecedían.

Pese a ello, que implicaba una separación de las leyes de la Torah, Dios permaneció con ellos bendiciendo sus vidas en cada paso, multiplicándolos y fortaleciéndolos en medio de las dificultades.

Mientras nuestros antepasados cercanos avanzaban en la selva junto a familias enteras, debían aprender a sobrevivir. Muchos de ellos eran descendientes de familias acomodadas en España. Imagino la gracia que ésto le generó a los nativos y la misericordia que éstos tuvieron con ellos al respetarles la vida.

Considero que nuestros tatarabuelos experimentaron en la selva la realidad de Dios en toda su dimensión, una realidad que seguro transmitieron a sus hijos enseñándoles el respeto a las creencias ajenas, la valoración inefable de la vida y la identificación con las necesidades de los más vulnerables, especialmente de aquellos que estuvieron cerca.

Entiendo como se borró poco a poco la trasmisión de los rituales hebreos de las costumbres de nuestras familias, rituales que fueron considerados por Jesús como accesorios y sin importancia; veo también cómo los rituales católicos no tienen tampoco tanta fuerza en nuestras tradiciones, pues nuestros abuelos entendieron que lo que decía jesús era una vivencia de Dios que trascendía la tradición Judeo- Cristiana.

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